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jueves, 24 de diciembre de 2015

Te invito a barrer...

En esta Navidad...

Receta para Navidad

No olvides...

Mis deseos para ti...

Feliz Navidad...

Feliz Navidad

Ya casi es Navidad,,,

Querido Niño Jesús...

domingo, 29 de noviembre de 2015

Esta es la VELA de la Navidad...No dejes que se apague...


La vela de Navidad

En la víspera de Navidad una multitud de personas alegres circulaba por las cercanías de la Catedral de Reims, una de las más antiguas de Francia.
Los niños reían y corrían en interminables persecuciones; había grupos juveniles que cantaban villancicos y bailaban al son del laúd y un tamboril, y por todas partes brillaban rostros dichosos.
No parecía posible que en toda Reims hubiera un solo corazón triste. Sin embargo, a algunas cuadras de allí había cuatro.
Tres de aquellos corazones tristes vivían junto a un maloliente desagüe que daba al río. El aspecto exterior de la vivienda revelaba deterioro y pobreza, mientras que el interior se veía limpio y ordenado.
Un solo ambiente constituía la casa y por lo tanto era al mismo tiempo comedor, dormitorio y cocina para sus tres habitantes. El áspero piso de piedra había sido cuidadosamente barrido, y las cubiertas remendadas de los colchones de paja estaban impecablemente limpias.
Una mesa de tablas, dos sillas rotas y un banco raquítico eran los únicos muebles del lugar. En un rincón, la débil llama de un pequeño brasero de carbón servía para cocinar las pobres comidas y para calentar la casa.
El único detalle de belleza estaba en una hornacina minúscula, una especie de hueco en la pared con un estante; allí se lucía un ramo de flores silvestres dispuestas en un viejo tazón.
En ese momento la mujer de la casa tejía, mientras un muchacho de siete años jugaba sentado a la mesa -en la que había unos pocos platos cascados- y una niña mayor revolvía una caldera sobre el brasero.
La señora era la condesa Marie de Malincourt, y el muchacho y la muchacha, sus hijos Louis y Jeanne.
Mientras avanzaba en su labor, la madre recordaba con tristeza aquella Navidad de apenas un año atrás, cuando todo en sus vidas era diferente.
Entonces vivían en un gran castillo, y como cada víspera de Nochebuena, ella, su marido y los niños salían a la puerta para saludar a la muchedumbre reunida. Los ancianos, los enfermos y los pobres esperaban allí, y los Malincourt se abrían paso entre ellos, dando a cada habitante del pueblo un regalo en forma de ropa abrigada, hierbas curativas, alimentos o juguetes para los niños.
Pero cuando sobre el lugar se desató una rápida y cruenta guerra todo cambió. El castillo fue atacado y saqueado. El marido de Marie cayó prisionero y, atado con cadenas, fue llevado lejos. Su esposa y los niños habían logrado huir por un pasadizo secreto y, en medio de la noche, corrieron hacia la aldea cercana. Pero el poblado estaba abandonado: los aldeanos, asustados, habían escapado.
Durante los meses siguientes, los tres vagaron por los caminos cambiando poco a poco sus pertenencias por comida y alojamiento.
La capa de Marie había terminado en los hombros de la esposa de un comerciante rico; la hermosa ropa de Louis y Jeanne había sido reemplazada por modestas prendas de campesino. El único recuerdo que conservaban de su dichosa vida anterior era el escudo del padre, que el pequeño Louis había sacado del castillo en el último momento.
-Madre- dijo de pronto Jeanne, interrumpiendo los pensamientos de la mujer-, mañana es Navidad...
-Sí, querida- asintió la mujer, y luego agregó con amargura, expresando lo que ya todos sabían-: Pero esta vez no habrá juguetes ni golosinas para ustedes, hijos. No tenemos nada de eso.
-¡No los necesitamos!- contestó Jeanne con firmeza.
-Nos tenemos a nosotros mismos- agregó Louis, con cierta gravedad, como con vergüenza de decir algo tan justo y emotivo.
La madre los miró y sonrió.
-Sí- dijo Marie-, aunque la vida es dura, todavía nos tenemos unos a otros, y aunque extrañemos a papá, estoy segura de que muchos en Reims no tienen a nadie y esta noche también echan de menos a sus seres queridos. Sólo desearía que tuviéramos algo para dar a los pobres como hacíamos antes...
Un silencio profundo llenó el cuarto.
-¡Mamá!- gritó de pronto Jeanne-. ¡Sí, tenemos algo para dar!
Mientras hablaba, la pequeña tomó una vela que había sobre la mesa y la acercó velozmente a una ventana.
-¿Qué estás haciendo?- preguntó su hermano.
-¡Miren!- se entusiasmó Jeanne-. ¡La pondré en el marco y quizás alguien pase, quizás alguien como nosotros mismos, sea más feliz gracias a este regalo de luz! Ahí está, ¡vean cómo se refleja su luz en la nieve!- terminó de decir, alejándose para echar un vistazo a su trabajo.
-¡Qué buena hija tengo!- dijo Marie, volviendo a su tarea.
Lejos, en la plaza mayor, entre las luces y la alegría, latía el cuarto corazón triste, en el pecho de un chico de nueve años, un muchacho vestido con ropa hecha jirones y cuyos pies desnudos estaban calzados con dos rústicos zuecos de madera.
Estaba completamente solo en el mundo, sin dinero ni amigos, hambriento y medio muerto de frío.
Cuando intentaba contar su historia a alguna de las personas que encontraba, nadie le prestaba atención. Lo miraban con el ceño fruncido o lo apartaban de un codazo si se interponía en el camino.
Desesperado de hambre, el chico comenzó a vagar por las calles, deteniéndose aquí y allá a mirar las casas espléndidas e intentando hallar ayuda. Pero en ninguna puerta había bienvenidas para el pobre chico solitario.
Las calles de Reims estaban cada vez más oscuras y el aire cada vez más frío. El chico siguió caminando, deseando encontrar abrigo antes de que la noche se cerrara del todo.
De pronto, vio a lo lejos un destello minúsculo de luz. Hacia allí se dirigió. Al acercarse, descubrió que la llama de una pequeña vela temblaba en la ventana de la casucha más pobre de toda la ciudad. Por alguna razón, la insistente luz llevó su repentino resplandor al corazón del chico, que corrió hasta la puerta y se animó a llamar. Abrió una niña y enseguida se acercaron a saludar una mujer y un chico. Minutos después el muchacho se encontraba sentado junto a un brasero.
Mientras la niña le calentaba una de las manos frías entre las suyas, el hermano sostenía la otra. La mujer, arrodillándose ante él, le retiró los zuecos de madera y le frotó los pies helados. Cuando vieron que había recobrado el calor del cuerpo, la nena sirvió en cuatro tazones un guiso que olía riquísimo. No había demasiado, pero el chico advirtió que el tazón más lleno se lo habían dado a él. Comió con avidez, pensando que nunca había probado algo más sabroso.
De pronto, cuando estaban terminando la cena, una extraña luz, más fuerte que el brillo de mil velas, llenó la sala. El chico estaba tan radiante que Marie y sus hijos apenas podían mirarlo. Los niños se pusieron de pie y la mujer se tomó la cara con ambas manos.
-Ustedes, con su pequeña vela, han iluminado al niño Dios en su camino al Cielo- dijo entonces el chico. Enseguida dio dos pasos hacia la puerta y con la mano ya en el picaporte agregó-: Esta noche, sus ruegos más sentidos serán respondidos.
Había una conmovedora firmeza y suavidad en su voz. Un instante más tarde, el extraño se marchó.
La mujer y sus hijos no podían reponerse de la sorpresa.
Incapaz de contestar las mil y una preguntas con que la aturdían sus pequeños, ansiosos por explicarse quién era ese chico y qué había ocurrido, Marie se puso de rodillas y comenzó a rezar, pidiendo por el regreso de su esposo. Al verla, los niños callaron y la imitaron.
Así estaban cuando repentinamente se abrió la puerta de la calle.
La silueta de un alto caballero armado se perfiló en el umbral y los chicos retrocedieron asustados.
-¡Marie! ¡Jeanne! ¡Louis! - gritó el hombre- ¿es que ya no me reconocen después de todos estos terribles meses de prisión? ¡Cómo los he buscado!
Los chicos se arrojaron a los brazos del padre, y la mujer, tras un segundo de vacilación, se sumó al interminable abrazo.
-¿Cómo nos hallaste, papá?- preguntó al fin Louis, llorando de alegría.
-Un pobre niño que encontré en la carretera me indicó dónde vivían- respondió el caballero.
-¡El Niño Dios!- susurró Marie, y le contó a su marido los extraños acontecimientos de ese día.
Desde entonces, cada Nochebuena, la familia Malincourt dejó una vela encendida junto a la ventana.

Te envío el Ángel de la Navidad...


Te envió el Ángel 
de la
Navidad...
Comparte con tus Amigos...



Dulce Navidad...

Navidad.


Navidad, Navidad,
dulce Navidad
la alegría de este día hay que celebrar.

Navidad, Navidad,
dulce Navidad
la alegría de este día hay que celebrar.

Navidad, Navidad,
dulce Navidad
la alegría de este día hay que celebrar.

Navidad, Navidad,
dulce Navidad
la alegría de este día hay que celebrar.

LE PIDO A DIOS...nunca...


LE PIDO A DIOS NUNCA ME FALTE O QUE HOY TENGO
SALUD, FAMILIA, HOGAR, TRABAJO, 
PERO SOBRE TODO
SU BENDICIÓN

La primera Flor de la Navidad... Con Cariño


Con Cariño te envió la
Primera Flor de la Navidad
Dios este contigo y tu Familia...

sábado, 28 de noviembre de 2015

Feliz Navidad...

Felices fiestas



Feliz Navidad que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, que le recuerda al abuelo las alegrías de la juventud, y que le trasnporta al viajero a su Hogar, dulce Hogar:

Tarjeta navideña que nos comparte un pensamiento muy agradable sobre lo que nos trae la Navidad, Deseamos a todos nuestros amigos grandes alegrías desde ya para empezar esta Navidad en plenitud y con actitud positiva.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Feliz Navidad


Historia 


La palabra “navidad” es una contracción de “natividad”, que significa natalicio. Esta fiesta hizo su aparición en la Iglesia Católica y de allí se extendió al protestantismo y al resto del mundo. 


¿Pero de dónde la recibió la Iglesia Católica? Alucina,… del paganismo. La política de la Iglesia primitiva absorbía los ritos paganos existentes que celebraban de manera especial el Saturnal romano, el 19 de diciembre, en honor del dios de la agricultura, Saturno, durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Aunque otras fuentes colocan los primeros indicios en Egipto, donde las costumbres paganas relacionadas con el principio de enero se centraron en la fiesta de la Navidad. 


San Mateo y San Lucas establecen como fecha del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre, quedando instaurado a partir del s. V por la Iglesia Occidental el mismo día de la antigua festividad romana en honor del nacimiento del sol. Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico. 


En la Edad Media la Iglesia incorporó los nacimientos y villancicos a sus costumbres, siendo los banquetes el punto culminante de las celebraciones. Este nuevo estilo de festejos sufrió un abrupto fin en Gran Bretaña cuando los puritanos prohibieron la Navidad, en 1552. Después de medio siglo, Carlos II la recuperó, para volver a desvanecerse hasta la época victoriana. 


El s. XIX europeo ha visto revivir con fuerza una Navidad, inaugurando rituales que todavía se mantienen en nuestros días; tal es el caso del árbol nacido en Germania, de donde partió al resto de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y ampliados en número. También las tarjetas de navidad comenzaron a imprimirse, concretamente en Londres en 1846. 


San Nicolás y una jovial figura medieval conforman el Espíritu de la Navidad. Constituyen el origen de la leyenda de Papá Noel y conforman el Espíritu de la Navidad. Los americanos aportaron, en esta línea, la ya familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas llenas de juguetes. 


ACTUALMENTE, la Navidad es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. El matiz religioso que conlleva lo decide cada familia o grupo que se reúna para celebrarla. Lo marca el tipo de decoración en el hogar (la existencia del belén o cualquier alusión a personajes bíblicos), los hábitos eucarísticos, las actividades de solidaridad en la parroquia,...

Pedido de Regalo


Santa ya empezó con su lista de 
Regalos
Si pretendes recibir el tuyo
sigue la flecha
y deja tu pedido!!!

martes, 24 de noviembre de 2015

Feliz Navidad...

Merry Christmas



“Que esta Navidad se enciendan nuestras pequeñas luces y podamos decir de verdad: ¡feliz Navidad!”


- Anónimo




“Navidad es la fecha de la alegría y el amor, la que debería durar siempre, pues nos colma de buenos sentimientos, nos hermana y nos acerca a todas las personas”


- Anónimo




“Ojala pudiéramos meter el espíritu de la Navidad en jarros y abrir un jarro cada mes del año”


- Harian Miller




“El recuerdo, como una vela, brilla mas en Navidad”


- Charles Dickens




“Cuando a alguno que se siente olvidado, abandonado, tu le muestras estima como hermano. Estás llevando la Navidad a su corazón”


- Anónimo




“Aunque se pierdan otras cosas a lo largo de los años, mantengamos la navidad como algo brillante”


- Anónimo




“Feliz, feliz navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo, las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar”


- Anónimo




“La navidad…no es un acontecimiento, sino una parte de su hogar que uno lleva siempre en su corazón”


- Anónimo




“Si no sabes que regalar a tus seres mas queridos en Navidad, regálales tu amor”


- Anónimo




“Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año”


- Charles Dickens




“No es el árbol, ni la chimenea. La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante”


- Anónimo




“Viene cada año y vendrá siempre. Y con la Navidad vienen los recuerdos y las costumbres. Esos recuerdos cotidianos humildes a las que todas las madres nos agarramos. Como la Virgen María en los rincones secretos de su corazón”


- Marjorie Holmes




“La navidad, agita una varita mágica sobre el mundo, y por eso, todo es mucho es mucho mas suave y mas hermoso”


- Anónimo




“Honraré la navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año”


- Anónimo




“Navidad es hacer algo extra por alguien”


- Anónimo




“¿Que es la navidad? Es la ternura del pasado, el valor del presente y la esperanza del futuro. Es el deseo mas sincero de que cada taza se rebose con bendiciones ricas y eternas, y de que cada camino nos lleve a la paz”


- Agnes M. Pharo




“Hasta que uno no sienta la verdadera alegría de la Navidad, no existe. Todo lo demás es apariencia, muchos adornos. Porque no son los adornos, no es la nieve. No es el árbol, ni la chimenea. La navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas, la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante”


- Anónimo




“Es el deseo mas sincero de que cada taza rebose con bendiciones ricas y eternas, y de que cada camino nos lleve a la paz”


- Anónimo




“Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor”


- Anónimo




“El recuerdo, como una vela, brilla mas en navidad”


- Anónimo




“Ojalá pudiésemos meter el espíritu de Navidad en jarras y abrir una jarra, cada mes del año”


- Harion Miller




“Que en estas fiestas la magia sea tu mejor traje, tu sonrisa el mejor regalo, tus ojos el mejor destino, y tu felicidad mi mejor deseo”


- Anónimo




“La magia de la navidad es la magia de las personas como tú que hacen que pases que el año pase volando”


- Anónimo




“Con todo mi cariño te mando, la receta de la navidad: varias medidas de ilusión, una pizca de amistad y un gesto de ternura. Horneemos la mezcla con un ánimo paciente. Envolvámosla con risas, luces y canciones. Y, finalmente, ofrescámosla con alegría”


- Anónimo